En Rusia 2018 fue Inglaterra. En Estados Unidos, México y Canadá 2026 fue Suiza. Dos selecciones europeas, ambas ubicadas por encima de Colombia en el ranking FIFA, terminaron apagando el sueño mundialista desde el punto penal. Entre una eliminación y otra transcurrieron ocho años, pero la sensación fue exactamente la misma: la Tricolor compitió, ilusionó y volvió a quedarse a centímetros de escribir la página más importante de su historia.
La historia comienza a repetirse con demasiada frecuencia.
En el Mundial de Rusia, Colombia igualó 1-1 con Inglaterra y cayó 4-3 en la definición por penales en los octavos de final. Ocho años después, el libreto tuvo un desenlace casi idéntico. Un empate sin goles durante 120 minutos frente a Suiza y una nueva derrota desde los once pasos (4-3) dejaron a la Selección nuevamente fuera de la Copa del Mundo.
Pero el problema parece ir mucho más allá de una tanda de penales.
También ocurrió en la final de la Copa América 2024. Colombia realizó una campaña extraordinaria, llegó invicta al partido definitivo y estuvo a pocos minutos de forzar la definición desde el punto penal. Sin embargo, un gol de Argentina en el tiempo suplementario terminó por dejar la sensación de que, una vez más, «faltó el centavo para el peso».
La pregunta comienza a hacerse recurrente: ¿por qué Colombia siempre compite, pero no logra dar el último paso?
Las respuestas empezaron a aparecer incluso desde los propios protagonistas.
Uno de los más contundentes fue Radamel Falcao García, quien siguió el Mundial desde su rol como comentarista de ESPN. El máximo goleador histórico de la Selección aseguró que el problema no está únicamente en lo que ocurre con el equipo nacional, sino en la estructura del fútbol colombiano.
«No puede ser que no tengamos una categoría C, es una vergüenza; que no haya competitividad y se fomente la mediocridad. Hay equipos que no invierten porque saben que no van a descender y terminan pagando salarios muy bajos a los jugadores», afirmó durante la transmisión.
Posteriormente, el ‘Tigre’ aclaró en sus redes sociales que sus palabras no iban dirigidas al grupo de Néstor Lorenzo, sino a una reflexión sobre el modelo del fútbol colombiano.
«Mi mensaje fue una reflexión sobre la necesidad de fortalecer nuestro fútbol desde su base: invertir en las divisiones inferiores, que la categoría B cuente con ascenso y descenso, consolidar una categoría C y D que aumente la competitividad y dignificar las condiciones salariales de los jugadores. Solo así construiremos un fútbol colombiano más fuerte y con un mejor futuro», escribió el delantero.
La autocrítica también llegó desde el camerino.
Uno de los primeros en asumirla fue Jhon Arias, quien dejó una frase que rápidamente se convirtió en el resumen del sentimiento nacional.
«Ya está bueno de quedarnos en la puerta y no llegar hasta el último día».
Más allá del dolor por la eliminación, el volante pidió que este golpe sirva para generar cambios profundos y evitar que la historia continúe repitiéndose.
Sus palabras reflejan una realidad difícil de ignorar. Colombia ha dejado de ser una selección sorpresa. Hoy cuenta con futbolistas en las mejores ligas del mundo, estabilidad en su cuerpo técnico y una identidad de juego consolidada. Sin embargo, cuando llega el momento de disputar los partidos que marcan generaciones, siempre parece faltar algo.
No es un problema de talento. Tampoco de actitud.
La Tricolor fue competitiva frente a Inglaterra en 2018, estuvo a minutos de conquistar la Copa América en 2024 y volvió a plantarle cara a una selección europea como Suiza en el Mundial de 2026. Pero en los detalles, en la gestión emocional de los momentos límite y quizá en la profundidad de su estructura futbolística, Colombia sigue encontrando el mismo muro.
El desafío ahora será transformar esas frustraciones en aprendizaje.
Porque el país ya demostró que puede producir futbolistas de élite como Luis Díaz, Daniel Muñoz, Jhon Arias, Jhon Lucumí o Gustavo Puerta. Lo que falta es construir un sistema que permita que esas generaciones no sean excepciones, sino una constante.
La eliminación frente a Suiza duele por el resultado, pero también porque revive una sensación conocida. Colombia siempre está cerca de hacer historia, siempre compite de igual a igual y siempre deja la impresión de que pudo ser.
Quizá por eso las palabras de Falcao y Arias encuentran tanto eco. Ambos coinciden en que no basta con lamentarse por otra eliminación. Ha llegado el momento de revisar qué está fallando desde las bases para que el fútbol colombiano deje de conformarse con competir y empiece, de una vez por todas, a ganar los partidos que cambian la historia.
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