El arranque del evento ecuménico de balompié dejó una escena poco habitual para un evento de esta magnitud. la ausencia de los principales mandatarios de los tres países anfitriones en las actividades inaugurales.
En Canadá, la apertura no registró un lleno absoluto en el escenario de Toronto, mientras que el primer ministro Mark Carney no asistió debido a compromisos oficiales en Europa.
En México, la presidenta Claudia Sheinbaum optó por permanecer en Ciudad de México y compartir con habitantes de una zona popular, en lugar de acudir al pomposo acto.
Por su parte, en Estados Unidos tampoco estuvo presente Donald Trump, el secretario de Estado, Marco Rubio, fue quien apareció junto al cabecilla de la organización del fútbol mundial, Gianni Infantino, durante los actos previos y el encuentro inaugural de la selección estadounidense, se le vio con rostro adusto.
La coincidencia de estas ausencias ha generado comentarios entre aficionados y analistas, ya que los grandes eventos deportivos suelen convertirse en vitrinas políticas y diplomáticas para los gobiernos anfitriones. En 2 de los países anfitriónes, la convulsión social se ubica a tope.
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