Durante un debate en la Comisión Primera del Senado, el Ministro de Salud colombiano, Guillermo Alfonso Jaramillo, ha generado polémica al afirmar que Colombia fue utilizado como «un experimento» para probar las vacunas contra el COVID-19. Jaramillo señaló que, excepto la vacuna de Sinovac, las demás fueron consideradas «experimentos» que ingresaron al país «sin permiso», alegando que jugar con la vida de los colombianos no debería ser tolerado.

El Ministro expresó su preocupación, especialmente por el impacto en comunidades vulnerables, afirmando: «No podemos seguir experimentando con la comunidad colombiana y menos con los negros, los indígenas y con los más pobres de este país: los campesinos». Estas declaraciones fueron duramente criticadas por Julián Fernández, investigador del Instituto Johns Hopkins, quien calificó a Jaramillo de «ignorante» y defendió la efectividad de todas las vacunas.

La controversia se agrava con la revelación de que entre febrero de 2022 y agosto de 2023 se desperdiciaron 7.8 millones de dosis de vacunas, representando el 8.6% del total aplicado desde febrero de 2021. La mayoría de estas dosis se desechó durante el gobierno de Gustavo Petro. Además, se observa una drástica disminución en la vacunación durante los últimos tres años, con solo 339,000 dosis aplicadas en los primeros meses de 2023, en comparación con 11 millones en el mismo período de 2022.

La investigación también destaca la falta de seguimiento adecuado a la población y una disminución significativa de la presencia del Ministerio de Salud en redes sociales, planteando dudas sobre la gestión de la crisis sanitaria en Colombia. Las declaraciones del Ministro Jaramillo y los datos presentados plantean interrogantes sobre la eficacia de las medidas tomadas durante la pandemia en el país.