El Al-Nassr ganó, y de qué manera. Una manita al Al-Ahli Doha (5-1) en las semifinales de la AFC Champions League Two que debería haber sido una noche tranquila, de celebración, de esas en las que el vestuario huele a trabajo bien hecho. Pero el fútbol, como la vida, rara vez es tan sencillo.
Porque en medio de esa goleada, se vivió uno de esos momentos que la cámara captura sin avisar y que después todo el mundo comparte. Iñigo Martínez y su entrenador Jorge Jesús se enzarzaron en una bronca monumental que acabó con el central vasco lanzando una botella de agua al suelo con rabia, y con varios miembros del cuerpo técnico y compañeros teniendo que intervenir físicamente para separar a los dos.
¿Qué había pasado? El Al-Nassr había encajado un gol tempranero de Yansané, y apenas un minuto después del empate de Coman, Jorge Jesús fue directo a por Iñigo: le recriminó su posicionamiento en la jugada del tanto rival y su falta de intensidad para marcar. Hasta ahí, algo que cualquier entrenador puede hacer en el calor de un partido.
El problema es que Iñigo Martínez no es de los que agachan la cabeza y asienten. Lejos de acatar la bronca, el de Ondarroa respondió, y lo que empezó como una reprimenda se convirtió en una discusión acalorada en plena zona técnica. La botella contra el suelo lo dijo todo.
Y es que hay algo auténtico en Iñigo que, aunque a veces genera fricción, también lo hace diferente. Es el líder de esa defensa, un capitán sin brazalete que ordena, que manda, que no calla. Ese carácter que tanto le ha dado a lo largo de su carrera —en la Real Sociedad, en el Athletic, en el Barça— es el mismo que de vez en cuando le pone en el ojo del huracán.
Al final, el marcador decía 5-1 y el Al-Nassr sigue vivo en la competición. Pero la imagen de esa botella estrellándose contra el suelo se quedará un tiempo dando vueltas. Porque en el fútbol de élite, incluso en las noches de goleada, los vestuarios hierven.
Enlace del video