Pedro Acosta lideraba el Gran Premio de Cataluña cuando su KTM sufrió un problema técnico en plena recta entre las curvas 9 y 10. Álex Márquez venía pegado a él a más de 200 km/h y no tuvo tiempo de reaccionar: impactó violentamente por detrás, salió despedido hacia el exterior del circuito y voló por los aires mientras su Ducati quedaba destrozada tras múltiples vueltas de campana.

Las imágenes fueron estremecedoras. La moto de Márquez se desintegró, piezas salieron disparadas por la pista y otros pilotos como Fabio Di Giannantonio también se vieron afectados por los restos del accidente.

La carrera fue detenida de inmediato con bandera roja mientras médicos y servicios de emergencia ingresaban de urgencia al circuito.

Horas después llegó el parte médico que confirmó la gravedad del momento. Álex Márquez sufrió fractura en la vértebra cervical C7 y en la clavícula derecha, y deberá ser intervenido quirúrgicamente. La buena noticia, si puede llamarse así, es que el piloto permaneció consciente tras el impacto.

Acosta no se guardó nada después. El español criticó duramente la gestión de la carrera y fue directo: «La salud de los pilotos debe estar por encima del espectáculo.» Una frase que en el contexto de lo vivido en Montmeló pesa como una losa.

Di Giannantonio terminó ganando una carrera marcada por la doble bandera roja y el drama. Pero el resultado pasó a un segundo plano que casi ni importa.

Porque hoy MotoGP no habla de victorias. Habla de Álex Márquez. Y espera. 🙏🏍️

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