Hay momentos que no necesitan gol, ni asistencia, ni estadística. Solo humanidad.
Erik Lira, capitán de Cruz Azul, tuvo uno de esos momentos. Un fanático especial se acercó, y el mediocampista no dudó ni un segundo: camiseta regalada, foto tomada, sonrisa genuina. Sin apuro, sin protocolo, sin hacerlo sentir un trámite.
Eso es lo que hace la diferencia entre un jugador que usa la camiseta y uno que entiende lo que significa.
El fútbol es de los que lo viven desde las gradas también. Y Lira, con ese gesto sencillo, lo recordó.
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