Durante más de 80 minutos, Inglaterra tuvo el partido donde quería. Con una defensa ordenada, líneas compactas y transiciones rápidas, el equipo europeo logró neutralizar el circuito ofensivo de Argentina y proteger la ventaja conseguida gracias al gol de Anthony Gordon. Todo indicaba que los ingleses estaban a un paso de regresar a una final del Mundial.

Sin embargo, el fútbol suele decidirse por detalles, y en apenas cinco minutos la historia dio un giro inesperado.

Argentina jamás abandonó su idea de buscar el empate. Lionel Scaloni movió el banco con inteligencia para refrescar el ataque, mientras Lionel Messi comenzó a retrasar unos metros su posición para entrar más en contacto con el balón y generar superioridad entre líneas. Esa modificación obligó a Inglaterra a retroceder y defender cada vez más cerca de su arco.

La insistencia encontró premio en el minuto 87. Enzo Fernández apareció desde la segunda línea para marcar el 1-1 y desatar un cambio total en el desarrollo del encuentro. El empate golpeó el aspecto anímico de los ingleses, que pasaron de controlar el partido a verse superados por el impulso argentino.

Con Inglaterra todavía intentando reorganizarse, la Albiceleste encontró el golpe definitivo. Ya en el tiempo de reposición, Messi recibió con espacios, levantó la cabeza y filtró un pase preciso para Lautaro Martínez. El delantero del Inter no perdonó y definió con frialdad para firmar el 2-1 definitivo.

Lo que durante más de una hora fue una exhibición táctica inglesa terminó convertido en una demostración del carácter competitivo de Argentina. La presión alta, la jerarquía de sus futbolistas y la capacidad para mantener la intensidad hasta el último minuto fueron determinantes para cambiar el destino de la semifinal.

Los dos goles en menos de diez minutos no solo clasificaron a la Albiceleste a una nueva final del Mundial 2026, sino que confirmaron una de las principales virtudes del equipo de Lionel Scaloni: su capacidad para competir hasta el último segundo, incluso cuando el partido parece perdido. Esa resiliencia volvió a marcar la diferencia y dejó a Argentina a solo un triunfo de defender con éxito el título mundial.