Keiner Jiménez fue a arbitrar un partido de fútbol infantil en Valledupar. Se fue de la cancha Panamá con una agresión encima, grabada en video y viral en todo el país. Su delito: expulsar a un jugador por mal comportamiento.

El hombre que lo golpeó era el padre de uno de los futbolistas.

Hay que detenerse ahí y dejar que eso resuene. Un adulto, en un partido Sub-15, invadió el terreno de juego y golpeó físicamente a un árbitro porque no le gustó una decisión. Frente a niños. En un campeonato formativo. En un escenario que debería ser exactamente lo contrario de lo que terminó siendo.

Esto no es un episodio aislado que se puede despachar con un comunicado y seguir adelante. Es un síntoma de algo que el fútbol base colombiano lleva años ignorando o minimizando: la violencia normalizada en los torneos juveniles, donde árbitros, entrenadores e incluso otros jugadores conviven con agresiones, insultos y amenazas como si fueran parte del paisaje.

Y lo más grave no es el golpe en sí. Es lo que ese golpe le enseñó a los niños que estaban en esa cancha ese día. Que cuando una decisión no te favorece, la respuesta es la violencia. Que el adulto que debería ser ejemplo de control y respeto puede perder la compostura por un partido de menores. Que en el fútbol colombiano, aparentemente, esto tiene consecuencias mínimas.

Jiménez no es cualquier árbitro. Es juez internacional FIFA, con experiencia en Eliminatorias mundialistas y trabajo como árbitro VAR en primera división. Un profesional de alto nivel que fue a cumplir su trabajo en un partido de formación y terminó siendo agredido por un espectador.

La Asociación Departamental de Árbitros del Cesar condenó los hechos. Bien. Pero condenas sin consecuencias reales son solo palabras.

El fútbol infantil debería ser el lugar donde los niños aprenden a ganar, a perder, a respetar y a crecer. No el lugar donde los adultos demuestran que no saben hacer ninguna de esas cosas. 🖤⚽🇨🇴

#KejnerJiménez#ViolenciaEnElFútbol#FútbolBase#Colombia

Enlace del video