Llegamos al Truist Park con una misión clara: ver en acción a Shohei Ohtani, probablemente la máxima figura del béisbol mundial en los últimos años.

Pero esta vez el japonés no tuvo su noche.

Ohtani se fue de 4-0, completamente controlado por el pitcheo de Atlanta. Como dijo uno de los aficionados en las tribunas, terminó “dominado”. Y mientras esperábamos el espectáculo del astro japonés, terminamos asistiendo a un verdadero recital de Chris Sale.

El veterano lanzador de los Bravos se encargó de escribir la historia.

En la parte baja de la novena entrada, una jugada de doble matanza fue revisada a solicitud de los Dodgers y la decisión cambió: el corredor de primera quedó quieto. La revisión extendió el drama y obligó a Sale a realizar algunos lanzamientos adicionales cuando su brazo ya acumulaba toda la carga de la noche.

Pero ahí apareció la jerarquía del veterano.

Sale se repuso a la decisión adversa y, en una situación de máxima presión, terminó el trabajo él mismo, evitando que el manager tuviera que recurrir al bullpen.

La recompensa fue una actuación extraordinaria: nueve entradas en blanco, 11 ponches y cero bases por bolas, para silenciar por completo a la poderosa ofensiva de los Dodgers.

Y Atlanta necesitaba exactamente eso.

Los Bravos venían de una racha complicada y respondieron de la mejor manera posible: barriendo a los Dodgers y dejando en blanco a Ohtani y compañía en el último juego de la serie.

El marcador final fue 1-0, decidido por un solitario cuadrangular de Drake Baldwin en la primera entrada, nada menos que ante el japonés Yoshinobu Yamamoto.

Ohtani llegó para ser el protagonista.

Pero en Truist Park, la noche terminó perteneciendo a Chris Sale y a unos Bravos que encontraron en su veterano abridor la respuesta perfecta para levantarse.

Texto 📹 y off : @raminews