El pitazo final del derbi de Mánchester marcó el cierre del partido entre el Manchester United y el Manchester City, pero no el final de la jornada para Patrick Dorgu. Antes de dirigirse al vestuario, el joven futbolista recibió una instrucción directa de su madre, presente en el estadio: volver al borde del campo y firmar autógrafos a los aficionados que lo esperaban en la grada.

Sin titubeos, Dorgu obedeció. La escena, captada por aficionados y difundida en redes sociales, reflejó un mensaje claro: el respeto por la hinchada está por encima del cansancio, la presión del clásico o la magnitud del rival. Fue su madre quien se encargó de recordarle que el fútbol también se juega fuera del campo.

Mientras figuras del Manchester United y del Manchester City abandonaban el césped rumbo a los camerinos, Patrick Dorgu regresó para dedicar tiempo a los fanáticos, cumpliendo una orden que no admite discusión. Un gesto sencillo, pero cargado de simbolismo en una era donde la cercanía con el público suele diluirse.

El momento dejó una lección tan antigua como vigente: los valores se aprenden en casa y, en ocasiones, pesan más que cualquier escudo. Porque en el fútbol de élite, como en la vida, cuando mamá habla… se obedece.

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