La prioridad europea ante la crisis en Afganistán es prevenir una nueva ola de refugiados en sus fronteras. Austria ya ha hecho un llamamiento para crear centros de deportación en los países de la región con el objetivo de que los solicitantes de asilo no lleguen al Viejo Continente.

La idea de centros de refugiados en países externos había frotado hace unos años a nivel europeo. Pero la externalización de la política migratoria europea ha sido estos últimos años más sutil: se ha materializado a través de acuerdos con países terceros. Con Marruecos, Turquía o con los guardacostas libios.

La idea ante el drama en Afganistán es la misma. Cooperar con los países de la vecindad afgana para que retengan a los migrantes.

«Tenemos que garantizar que la nueva situación política creada en Afganistán con el retorno de los talibanes no dé lugar a movimientos migratorios masivos hacia Europa». Así ha resumido Josep Borrell, Alto Representante de Exteriores de la UE, el primer debate europeo, a nivel de ministros de Asuntos Exteriores, sobre la dramática situación que atraviesa el país centroasiático con el regreso de la milicia islamista.

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Hace unos días, la Comisión Europea se mostraba cauta sobre la situación en Kabul. No esperaba que los acontecimientos se desarrollasen de forma tan fulminante. Solo pasaron tres días entre el llamamiento urgente de Borrell al Gobierno afgano a dialogar con los talibanes y entra la huida del presidente afgano del país. En paralelo, también ha aumentado la preocupación creciente de que se produzca un nuevo éxodo a las puertas de Europa.