Dos remates en los palos. Un gol invalidado. Un penalti desperdiciado. Otro que reclamó todo el estadio, pero que el árbitro no sancionó. Atlético Nacional hizo méritos para alimentar la esperanza de una remontada épica, pero se encontró con un Junior sólido, disciplinado y de una fortaleza defensiva admirable. Con los dientes apretados y sin perder la calma en los momentos de mayor presión, el equipo rojiblanco defendió la ventaja conseguida en Barranquilla y se proclamó bicampeón de la Liga colombiana al imponerse 3-1 en el marcador global.

La derrota 1-0 en el estadio Atanasio Girardot fue insuficiente para impedir la celebración tiburona. Nacional empujó durante buena parte del compromiso, impulsado por su afición y por el talento de Edwin Cardona, autor del único gol de la noche. Sin embargo, cada intento verdolaga terminó chocando contra una muralla rojiblanca que nunca perdió el orden.

Si hubo una figura en la resistencia de Junior fue Daniel Rivera. El defensor protagonizó una actuación sobresaliente, anulando prácticamente a Alfredo Morelos, uno de los hombres más peligrosos del cuadro antioqueño. A su lado, Jermain Zidane Peña exhibió seguridad, personalidad y una capacidad notable para ganar los duelos individuales, completando una presentación impecable en la zaga.

El equipo dirigido por Alfredo Arias entendió que la final exigía sacrificio y concentración. No tuvo muchas oportunidades para atacar y sufrió más de la cuenta en algunos pasajes del encuentro, pero jamás se descompuso. Cada rechazo, cada cierre y cada balón dividido se disputó como si fuera el último.

En ofensiva, Brayan Castrillón luchó y buscó generar peligro, aunque no logró capitalizar las pocas acciones que produjo el conjunto barranquillero. No hizo falta mucho más. La ventaja construida en el primer partido y la férrea resistencia en Medellín bastaron para alcanzar la gloria.

Junior volvió a demostrar que sabe jugar finales. Soportó el asedio, sobrevivió a las ocasiones de Nacional y terminó levantando nuevamente el trofeo. En medio de la presión y la adversidad, el Tiburón mostró carácter de campeón y escribió otra página dorada en su historia.