Hay futbolistas que se retiran y el tiempo los olvida. Y hay futbolistas que desaparecen de la cancha pero nunca dejan de jugar en la memoria colectiva.
Ronaldinho es de los segundos.
A más de una década de su retiro de la élite, el mago brasileño llegó a Venezuela para participar en la Liga Monumental y lo que pasó fue exactamente lo que siempre pasa cuando Ronaldinho aparece en cualquier rincón del planeta: el mundo se detiene.
Las multitudes se congregaron desde su arribo al aeropuerto. Cientos de aficionados buscando estar cerca, aunque sea por un segundo, de alguien que hace años ya no juega pero cuya presencia sigue siendo magnética. Videos muestran la revolución: gente intentando acercarse, voces corando su nombre, teléfonos grabando cada instante. No era un evento más. Era un acontecimiento.
Porque Ronaldinho no es solo un exjugador. Es un símbolo. El campeón mundial de 2002 que le devolvió el brillo a Brasil. El Balón de Oro dos veces. Dos premios FIFA al Mejor Jugador del Mundo en una época donde esos premios significaban algo diferente. El hombre que brilló en Barcelona como pocos antes y pocos después. El que hizo arte en AC Milan. El que recordó que el fútbol podía ser jogo bonito incluso en medio del caos.
Lo que Ronaldinho hizo sobre la cancha hace casi dos décadas sigue siendo narrativa hoy. Sus gambetas siguen siendo estudiadas. Su sonrisa sigue siendo recordada. Su forma de entender el balón sigue siendo inspiración.
Y en Venezuela quedó demostrado una verdad vieja y nueva al mismo tiempo: ver a Ronaldinho, aunque sea en persona, aunque no juegue, sigue siendo un acontecimiento.
Porque la magia no se retira. Solo cambia de forma. 🇧🇷✨⚽
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