Lo que debía ser una mañana normal terminó en pánico. Varios niños de cuarto y quinto grado salieron corriendo con miedo mientras esperaban el autobús escolar en Lindenwold, tras un operativo de U.S. Immigration and Customs Enforcement (ICE) en un complejo de apartamentos cercano.
El distrito escolar confirmó que algunos estudiantes abandonaron la parada al ver la presencia de agentes y vehículos oficiales en la zona. El conductor del bus, al notar la confusión, regresó para asegurarse de que todos los menores subieran a salvo y pudieran llegar a clases.
ICE señaló que se trató de una “acción de cumplimiento dirigida” y que no se concretó ningún arresto. Sin embargo, la explicación oficial no evitó el impacto inmediato en los niños, que reaccionaron con temor ante la escena.
Padres y residentes expresaron preocupación por el efecto emocional que este tipo de operativos puede tener en menores de edad. Para un adulto puede ser un procedimiento legal; para un niño, es una escena de tensión con uniformes, sirenas y la sensación de que algo grave está ocurriendo.
La situación reabre el debate sobre cómo los operativos migratorios en zonas residenciales afectan a comunidades enteras, especialmente a los más pequeños. Aunque no hubo arrestos, el susto quedó. Y para esos niños, el día escolar comenzó con miedo en lugar de rutina.
