Después de más de dos años alejado de la Canarinha por culpa de las lesiones, Neymar pisó la Granja Comary y la concentración de Brasil tomó una temperatura completamente distinta.
El astro brasileño se presentó en la concentración en medio de una enorme expectativa, luego de regresar a una convocatoria mundialista tras más de dos años alejado de la selección. Y cuando llegó, no pasó desapercibido.
Uno de los momentos más destacados fue el reencuentro con Vinícius Júnior, quien lo recibió con evidente admiración y respeto dentro de la concentración. La relación entre ambos refleja el relevo generacional de Brasil, con Neymar todavía como referente histórico y Vinícius como la nueva cara de la selección. De hecho, el delantero del Real Madrid dejó claro recientemente que considera que el mítico dorsal 10 «le pertenece» a Neymar, pese a haberlo utilizado en algunos partidos durante la ausencia del jugador.
Un gesto que dice mucho sobre el respeto generacional dentro del grupo.
Pero no todo es euforia. La llegada de Neymar también estuvo rodeada de atención por su estado físico, ya que medios brasileños reportaron molestias musculares previas al inicio de la concentración, aunque el cuerpo médico de Brasil mantiene seguimiento constante sobre el atacante. Después de todo lo sufrido, cualquier molestia genera preocupación.
Con Neymar, Vinícius, Raphinha y Endrick como parte del grupo, Brasil empieza a alimentar la ilusión de conquistar el ansiado hexacampeonato en Norteamérica. Una generación joven con la experiencia de un ídolo que vuelve en el momento justo
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