Una ola de protestas de gran magnitud se registra en Teherán, capital de Irán, donde cientos de miles de personas han salido a las calles en los últimos días para manifestarse contra la situación económica, social y política que atraviesa el país. En redes sociales y reportes no oficiales se habla incluso de cerca de un millón de manifestantes, aunque la cifra no ha sido confirmada de manera independiente.

Las movilizaciones se concentran en distintos puntos de la ciudad y se han extendido a otras regiones del país, convirtiéndose en una de las expresiones de descontento más significativas de los últimos años. Los manifestantes denuncian el alto costo de vida, el desempleo, la devaluación de la moneda y la falta de libertades, consignas que se han ido ampliando con el paso de los días.

La respuesta de las autoridades ha incluido un fuerte despliegue de fuerzas de seguridad, así como restricciones al acceso a internet y a las comunicaciones, lo que ha dificultado la verificación precisa del número de asistentes y de posibles detenciones o heridos. Organizaciones de derechos humanos han advertido sobre el uso excesivo de la fuerza durante algunos enfrentamientos.

Desde el gobierno iraní no se ha entregado un balance oficial sobre la magnitud de las protestas, mientras que medios estatales han minimizado el alcance de las manifestaciones. Sin embargo, imágenes difundidas por ciudadanos muestran avenidas repletas y concentraciones multitudinarias en distintos sectores de Teherán.

El escenario mantiene en alerta a la comunidad internacional, que observa con atención la evolución de las protestas y la respuesta del régimen, en un contexto marcado por la presión interna y el aislamiento externo que enfrenta Irán.