Las finales tienen héroes. Algunas noches tienen dueños. Y este martes, bajo el cielo encendido de Barranquilla, el dueño absoluto fue Luis Fernando Muriel.
Con un estadio Romelio Martínez convertido en una auténtica caldera, Junior de Barranquilla dio un paso gigantesco hacia la estrella número 12 al golear 3-0 a Atlético Nacional en el partido de ida de la gran final de la Liga colombiana.
La fiesta comenzó temprano. Apenas transcurrían siete minutos cuando Bryan Castrillón aprovechó un rebote dentro del área para desatar la euforia de una multitud que llegó convencida de que la noche podía ser histórica. El gol fue el reflejo de un inicio arrollador: Junior presionaba, atacaba y asfixiaba a un Nacional incapaz de encontrar respuestas.
El equipo de Alfredo Arias jugó el primer tiempo con el cuchillo entre los dientes. Cada pelota dividida parecía tener dueño rojiblanco. Cada avance verdolaga moría antes de nacer. Morelos fue neutralizado, los volantes no aparecieron y el desconcierto visitante crecía con el paso de los minutos.
Entonces apareció Muriel.
El hijo de Santo Tomás, el regreso más esperado por la afición tiburona, encontró premio a los 35 minutos. Jhomier Guerrero fabricó una gran acción individual y sirvió un balón preciso para que el delantero definiera con categoría y ampliara la ventaja.
El Romelio tembló.
Pero aún faltaba el capítulo más brillante de la noche.
Apenas iniciada la segunda mitad, Muriel ingresó al área y fue derribado. Penalti. El delantero tomó el balón, respiró profundo y ejecutó con la serenidad de los elegidos. Castillo adivinó la dirección, pero nada pudo hacer. Era el 3-0 y el partido parecía sentenciado.
El atacante estuvo cerca del triplete y abandonó el campo entre aplausos, ovaciones y un coro unánime que repetía su nombre. Barranquilla entendió que para noches como esta fue que Junior decidió traerlo de vuelta.
Nacional terminó golpeado, frustrado y sin respuestas. Junior, en cambio, terminó fortalecido y con la ilusión disparada.
Todavía quedan 90 minutos en Medellín. Pero la estrella 12 ya se dibuja en el escudo rojiblanco.
Foto: Vanexa Romero, Acord Atlántico
