La historia reciente de Junior enseña una lección que pocos entrenadores han logrado desafiar: fracasar en la Copa Libertadores suele marcar el comienzo del final.
La eliminación del conjunto barranquillero en la edición 2026 reabrió un debate tan antiguo como recurrente. El equipo terminó último de su grupo con apenas cuatro puntos, ganó un solo partido, fue goleado 4-1 por Palmeiras en la jornada definitiva y ni siquiera alcanzó el premio de consolación de disputar los playoffs de la Copa Sudamericana. Un balance demasiado pobre para un club que cada temporada se construye con ambiciones continentales.
Sin embargo, el caso de Alfredo Arias parece distinto.
Mientras en el pasado reciente la Libertadores se llevó por delante proyectos y entrenadores, el técnico uruguayo llega a la discusión respaldado por un argumento poderoso: tiene a Junior instalado en una nueva final de la Liga colombiana. Además, el máximo accionista del club, Fuad Char, ha manifestado públicamente que el entrenador tiene asegurada su renovación y que su continuidad no está en duda.
La tradición rojiblanca, sin embargo, invita a la cautela.
A Arturo Reyes le costó el cargo la eliminación en octavos de final de la Libertadores 2024 frente a Colo Colo. Luis Amaranto Perea sobrevivió inicialmente a las frustraciones internacionales de 2020 y 2021, pero terminó saliendo meses después. Alexis Mendoza apenas alcanzó a dirigir dos partidos de la fase de grupos de 2018 antes de ser reemplazado. Alberto Gamero tampoco resistió mucho tras caer en la fase previa de 2017.
Incluso entrenadores campeones sucumbieron al peso de la competencia continental. Al argentino Miguel Ángel «Zurdo» López, que había conquistado el título colombiano seis meses antes, lo sentenció la goleada 4-0 sufrida ante Boca Juniors en La Bombonera durante la Libertadores de 2005.
Las excepciones han sido escasas. José Eugenio «Cheché» Hernández logró completar la temporada después de la eliminación de 2012, mientras que Diego Umaña transformó la decepción de la fase previa de 2010 en un campeonato local meses después.
Por eso, aunque los mensajes oficiales transmiten respaldo a Arias, la final frente a Atlético Nacional tendrá un valor que trasciende un simple trofeo. Será también una prueba para determinar si este proceso logra romper una costumbre arraigada en Barranquilla: que la Copa Libertadores, cuando termina mal, casi siempre termina llevándose al entrenador.
