Hay despedidas que se anuncian. Y hay otras que se sienten mucho antes de que llegue el último silbatazo.
Este lunes, en Ezeiza, Lionel Messi completó su último entrenamiento con la Selección Argentina. El capitán volvió a compartir cancha, risas, bromas y ejercicios con sus compañeros, como tantas veces durante más de dos décadas. Pero esta vez había algo diferente en el aire: la certeza de que aquella rutina que parecía eterna estaba llegando a su final.
Este martes, en el Monumental, Messi volverá a ponerse por última vez la camiseta de la Albiceleste en suelo argentino. Y cuesta imaginarlo.
Porque para entender lo que significa este momento hay que regresar al comienzo. A aquel chico rosarino que cruzó el océano siendo apenas un adolescente, con una zurda extraordinaria y un sueño enorme: vestir la camiseta de Argentina y conquistar el mundo.
Después llegaron los años de aprendizaje, las primeras alegrías y también los golpes.
Llegaron las finales perdidas. La Copa América que se escapó. El Mundial que no pudo ser. Las críticas. Las dudas. Los momentos en los que parecía que la historia con la Selección nunca tendría el final que todos imaginaban.
Y Messi volvió una y otra vez.
Hasta que llegó 2021.
El Maracaná. La Copa América. El abrazo con sus compañeros. Las lágrimas de un hombre que durante tantos años había cargado con una camiseta que pesaba toneladas.
Después vino la Finalissima.
Y finalmente Qatar.
El Mundial.
Aquel 18 de diciembre que parece imposible de olvidar. Messi caminando hacia la Copa del Mundo, levantándola por encima de su cabeza mientras millones de argentinos lloraban frente a una pantalla. El niño que soñaba con ser campeón finalmente había cumplido su promesa.
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