Hubo un silencio que dijo más que cualquier palabra. Luka Modrić abandonó el terreno de juego con la mirada perdida, consciente de que acababa de disputar el que, muy probablemente, fue el último partido de su carrera en el gran torneo internacional de selecciones.
La derrota 2-1 frente a Portugal puso fin al sueño de Croacia y también cerró un capítulo inolvidable para uno de los mejores mediocampistas de su generación. Los balcánicos comenzaron ganando con un gol de Ivan Perišić, pero el conjunto portugués reaccionó con un penal convertido por Cristiano Ronaldo y completó la remontada en los minutos finales gracias a Gonçalo Ramos.
Tras el pitazo final, todas las miradas se dirigieron hacia Modrić. El capitán croata recibió el aplauso de los aficionados, el abrazo de sus compañeros y el respeto de sus rivales en una escena cargada de emoción, propia de un futbolista que marcó una época con su selección.
A lo largo de cinco participaciones en el máximo torneo de selecciones, el mediocampista escribió algunas de las páginas más importantes en la historia del fútbol croata. La final alcanzada en 2018 y el tercer lugar conseguido cuatro años después quedaron como parte de un legado que difícilmente será igualado.
El encuentro también dejó una imagen simbólica: el abrazo entre Modrić y Cristiano Ronaldo, dos referentes que compartieron años de gloria en el Real Madrid y que volvieron a encontrarse en una noche que pudo haber significado la despedida definitiva del croata de la escena mundial.
Si este fue realmente su último baile, Luka Modrić se marcha como llegó: compitiendo hasta el final, llevando el brazalete de capitán con orgullo y dejando una huella imborrable en la historia del fútbol.
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