Jambaló, Cauca, se convirtió en el epicentro de un caótico episodio que estremeció a la comunidad. Hombres enmascarados y fuertemente armados desataron el caos en esta tranquila localidad, sembrando el terror durante horas que parecieron eternas.

El reloj marcaba las 4 de la madrugada cuando la estación de Policía fue blanco de un brutal ataque que se prolongó por más de dos horas. Explosiones, ráfagas de fusil y el eco de la violencia resonaron en las calles de Jambaló.

El oscuro capítulo culminó cerca de las 6:15 a. m., pero no sin antes dejar una estela de destrucción y temor. Los criminales, impunes y audaces, dirigieron su furia hacia la sede del Banco Agrario. Allí, con total desprecio por la ley, hicieron su entrada triunfal, arrancando el cajero automático y cargándolo en una camioneta, en una escena que parece sacada de una película de acción.

La senadora indígena, Aida Quilcué, no pudo ocultar su indignación al declarar que «la estructura del Banco Agrario del municipio de Jambaló, Cauca, fue borrada del mapa en esta noche de terror». Las palabras de la congresista retratan la magnitud de la violencia que azotó esta pequeña comunidad.

La población urbana de Jambaló experimentó una odisea de angustia, con el rugido de explosiones y disparos como banda sonora de una noche que nunca olvidarán. A pesar de los estragos, la fortuna quiso que no se registraran heridos entre los habitantes.

El silencio oficial es ensordecedor. Las autoridades aún no han emitido un comunicado sobre el incidente y, en un giro de trama digno de una película de suspense, el monto del botín que estos bandidos lograron sustraer sigue envuelto en un manto de misterio.

Jambaló, Cauca, despertó hoy con el sabor amargo de la violencia y el miedo, mientras se cuestiona cómo una noche puede cambiar el rumbo de una comunidad tranquila y pacífica. Los ecos de esta noche turbulenta reverberarán por mucho tiempo, dejando una marca indeleble en la memoria de quienes presenciaron esta crónica de caos y desesperación.