La mañana del 25 de enero de 2026 estuvo a punto de terminar en tragedia en Filipinas. Mientras algunos ciudadanos salían rumbo a sus trabajos, otros salieron a cazar. El objetivo: el alcalde Akman Ampatuan, quien fue víctima de una violenta emboscada armada alrededor de las 6:30 a. m. en un sector de Barangay.
Ráfagas de disparos, caos y segundos de terror marcaron el ataque. La diferencia entre la vida y la muerte fue un detalle clave: el alcalde viajaba en un vehículo blindado. El acero resistió lo que las balas no perdonaron. Ampatuan salió milagrosamente ileso, mientras dos de sus escoltas cayeron heridos y tuvieron que ser trasladados de urgencia a un hospital cercano.
Los atacantes ejecutaron el plan clásico: disparar sin piedad y desaparecer sin dejar rastro. Hasta ahora no hay capturados, ni explicaciones claras, solo una escena que dejó más preguntas que respuestas.
📌 Un ataque directo.
📌 Dos escoltas heridos.
📌 Cero detenidos.
Una emboscada que debía matar… pero terminó fallando. Porque en la política filipina, sobrevivir a las balas también es poder.
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