Un partido de fútbol juvenil en Pittsburgh terminó en una pelea entre entrenadores que obligó a suspender a dos de ellos de manera indefinida.
La escena fue aún más preocupante por lo que ocurría alrededor: niños jugando al fútbol y familias en las tribunas, algunas de ellas pidiendo que los menores fueran retirados del lugar ante el caos.
Más allá de las sanciones, queda una pregunta que debería incomodar a todos: ¿qué ejemplo están recibiendo los niños cuando quienes tienen la responsabilidad de guiarlos pierden el control?
En el deporte infantil, ganar un partido nunca debería estar por encima de enseñar respeto, disciplina y juego limpio.
Porque los niños quizá olviden el marcador, pero difícilmente olvidarán lo que vieron hacer a los adultos.
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